Los genéricos pueden ser más caros que un remedio de marca 

El principio argumento utilizado por el Gobierno para impulsar la política de genéricos se basa en la entrega de medicamentos más baratos, sobre todo a los 14 millones que no tienen cobertura médica.

Sin embargo, la ecuación no es perfecta. Una investigación de la consultora Mercados y la revista Dosis, basada en 450 casos afirma que hay medicamentos genéricos más caros que los de marca.

Además de advertir que sólo 24% de las recetas identifican el nombre de la droga, el estudio también compara costos. Un caso es el de la amoxicilina, cuya marca más popular es el Amoxidal, fabricado por Roemmers y vendido en $12,95. En tanto, el laboratorio Klonal lo comercializa a $16,54 y Amvisa a $14,85. A pesar de que ambos laboratorios pertenecen de la Cámara Argentina de Productores de Medicamentos Génericos (CAPGEN), sus remedios son más caros que los de Roemmers.

Otro caso es el de la ranitidina, indicada para problemas gastrointestinales. Es cotizada a $11 y a $12,39 por los generistas Inmunolab y Klonal respectivamente, mientras que es vendida a $9,95 por Bristol Myers Squibb y a $11,29 por Roemmers, que lo bautizó como Taural.

Cuestión de dinero

En las farmacias consultadas por Infobae explicar que «el punto central es el precio«. Es decir, la amoxicilina de un laboratorio de marca deja un margen de 30% mientras que un generistas agrega 60% de ganancia. Por eso, a la farmacia le resulta más rentable vender genéricos a clientes sin cobertura social y para quienes no hace falta tomar los precios de referencia que se publican en los manuales. Igual, en algunas empresas afirmaron recomendar los productos de marca a pesar de una menor rentabilidad, por el prestigio del producto.

Esto revela que la gran reforma al mercado de genéricos todavía está en pañales. Por eso el informe recuerda que la ley 25.469 obliga a los médicos a prescribir por el nombre del principio activo y también a sugerir una marca comercial.

Pero advierte que, para que pueda pasar el filtro de las obras sociales deben argumentar el motivo. Una vez en la farmacia existe la obligación de ofrecer al cliente todas las alternativas disponibles. El estudio también afirma que 33,33% de los consumidores permite que le cambien la receta en el mostrador de la farmacia. Otro 50,63% no lo acepta y el 16% accede algunas veces.

Cristina Kroll

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