Paraguay consolidó en los últimos años una base industrial farmacéutica con mayor peso en el mercado interno, crecimiento exportador y nuevas inversiones. Esa evolución convive hoy con una mora estatal que arrastra a proveedores de medicamentos e insumos del sistema público de salud. El sector muestra músculo industrial, pero también una fragilidad financiera que ya no puede quedar fuera de la discusión macroeconómica.

Bajo la firma del jefe Editorial de Nuevos Negocios, David Chamorro, el diario ABC pasó revista a la industria farmacéutica paraguaya. Según el autor esta dejó hace décadas de ser solo un negocio de importación, representación y distribución. En torno a ella se consolidó una estructura productiva con plantas, laboratorios, empleo técnico, inversiones en maquinaria, certificaciones y capacidad de exportación. Ver artículo ABC

El matutino cita al último estudio sectorial disponible del 2024 y elaborado por la Unión Industrial Paraguaya, UIP, y la Cámara de la Industria Química Farmacéutica del Paraguay, CIFARMA, que ubicó al rubro como una actividad que mueve más de 45.000 empleos directos e indirectos, cobertura superior al 70% del mercado local y una facturación anual cercana a los u$s 1.000 M entre el sector público y privado.

A su vez, la nota destaca que los datos del Banco Central del Paraguay permiten confirmar este peso desde el aspecto exportador. Las exportaciones de productos farmacéuticos pasaron de u$s 74,7 M en 2024 a u$s 88,9 M en 2025, con un crecimiento interanual del 18,9%, según reportes de Comercio Exterior, destacó ABC.

Chamorro señala que todo este escenario se desarrolla a la par de que el sector carga con una presión importante, ya que el Estado paraguayo arrastra una deuda con sus proveedores de salud que, según declaraciones del sector ante el Congreso y en negociaciones con el Ministerio de Economía, supera los u$s 800 M entre el Ministerio de Salud Pública, MSPBS, y el Instituto de Previsión Social, IPS, dependiendo del período y los rubros considerados, cita el matutino.

No obstante, el mapa industrial reciente muestra bastante movimiento. Los informes del Ministerio de Industria y Comercio, MIC, sobre proyectos aprobados bajo la Ley N° 7548/25 —la versión modernizada del régimen de incentivos a la inversión industrial, antes conocido como Ley 60/90— reflejan que solo en febrero de 2026, los rubros de productos químicos y farmacéuticos concentraron el 23% de las inversiones proyectadas aprobadas en el mes, señala el editorial.

Dentro de ese paquete aparecen cuatro iniciativas directamente vinculadas a la fabricación de medicamentos de uso humano: Prosalud Farma S.A. (u$s 4,6 M), Vicente Scavone & Cía. S.A.E. (u$s 1 M), Dutriec S.A. —que se especializa en antibióticos e inyectables asépticos— (u$s 0,7 M) y Swiss Pharma Group S.A., orientado a la producción de cápsulas blandas (u$s 0,5 M). Cuatro apuestas distintas, pero con la misma intención de desarrollo e inyección tecnológica, menciona.

Para el autor, hay otro indicador que merece atención, ya que las exportaciones de medicamentos bajo el esquema de maquila alcanzaron u$s 3,9 M en el primer bimestre de 2026, según el reporte de comercio exterior del BCP. Si bien, el monto todavía es acotado frente a otros rubros maquiladores, muestra que la inserción internacional de la industria no depende únicamente de laboratorios instalados en el país ni del canal tradicional de exportación, sino que empieza a tocar esquemas industriales más flexibles orientados a cadenas regionales.

ABC menciona que el 70,5% de esas materias primas provienen de China, el 7,4% de India y el 2,2% de Turquía. Por ahora, se observa que la base fabril paraguaya creció, pero aún necesita abastecerse externamente de buena parte de sus componentes críticos para sostener su ritmo, escala y variedad de productos.

A lo largo del mercado interno, según datos de años anteriores, la industria farmacéutica también ha consolidado su presencia. Estudios indican que los laboratorios paraguayos lideraron las ventas en los últimos cuatro a cinco años, con el 54% de participación frente al 46% de empresas extranjeras, y que sus ventas crecieron un 60% en ese período, principalmente desde el 2020 en adelante. Aunque estos porcentajes no son completos, ayudan a entender la narrativa del sector: la producción nacional no solo quiere ser proveedora del sistema público, sino ampliar su peso en el mercado privado y disminuir paulatinamente los márgenes de importación.

Pero también tiene límites concretos. Paraguay no cuenta aún con una plataforma pública y sistemática que permita medir con precisión el tamaño total del mercado farmacéutico, el peso del segmento público frente al privado, la composición de importaciones por subpartida o la capacidad instalada por tipo de medicamento. Buena parte de la información disponible aparece dispersa entre varias instituciones y las propias cámaras empresariales difieren en montos concretos, remarca la nota.

Deuda estatal

Para Chamorro el punto álgido del panorama farmacéutico actual gira en torno a la deuda del Estado con sus proveedores. Las cifras que circulan tienen distintos matices: referentes de CIFARMA mencionan un pasivo superior a u$s 600 M; semanas después, CRIPFA elevó la referencia a u$s 814 M al incluir rubros vinculados al sistema de salud y alertar que la mora ya alejaba a oferentes de las licitaciones y ponía en riesgo el abastecimiento de medicamentos.

Hoy la cadena de pagos del Estado se vuelve uno de los principales factores de estrés del negocio farmacéutico. Sin siquiera hacer alusión a la endeble estructura del sistema sanitario, cuando el sector público compra en gran escala y paga con atraso, la industria y los importadores pasan a financiar una parte del sistema. Eso afecta al capital de trabajo, encarece el acceso al crédito, deteriora márgenes y obliga a replantear decisiones de inversión, producción y participación en procesos licitatorios.

La tensión, entonces, no invalida el avance, pero lo limita. Este año, la radiografía del sector farmacéutico local muestra dos caras que conviven: una industria que produce, invierte, exporta y gana espacio en el mercado local; y un negocio condicionado por la mora estatal, la dependencia de insumos importados y la ausencia de un marco más ordenado para sostener crecimiento de largo plazo, agrega.

El desafío pasa por reconocer que ambas forman parte del mismo mapa, y que sin previsibilidad financiera del Estado, el potencial que el sector ya demostró tener seguirá operando por debajo de lo que podría, concluye la nota.

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