En la era dorada de las vacunas COVID-19, varias farmacéuticas están barajando y dando de nuevo. Es el caso de la francesa Sanofi y la norteamericana Pfizer. El tablero se reacomoda a su vez, con nuevos jugadores como Moderna que avanzan en el continente. Pharmabiz pasa revista a un segmento que se reperfila post pandemia

Salvo algunas contadas excepciones, en los últimos años las vacunas no han sido los productos más rentables dentro de las carteras de las grandes farmacéuticas, especialmente si se las compara con el aporte que generan medicamentos que se utilizan para tratar enfermedades crónicas.

Sin embargo, el coronavirus cambió este escenario. El desarrollo de vacunas contra el COVID-19 fue una cruzada que varios Big Pharma y otros nóveles como Moderna emprendieron el año pasado cuando se desató la pandemia global. Aunque no todos han obtenido el mismo resultado hasta el momento.

La norteamericana Pfizer, por caso, se perfila como una de las grandes ganadoras. No solo fue el primer laboratorio en recibir la pertinente autorización para uso de emergencia por parte de la FDA sino que también obtuvo recientemente la única aprobación full concedida hasta el momento. Ver artículo. La multi que comanda Albert Bourla espera que las ventas de la vacuna que desarrolló en conjunto con la alemana BioNTech superen los u$s 15.000 millones en 2021, con un margen de utilidad que ubica cerca del 30%. Las previsiones señalan que a lo largo del año podría alcanzar ventas por u$s 33.500 millones. Ver presentación.

Por su parte, su partner BioNTech, una empresa fundada a mediados de 2008, reportó una facturación de unos € 7.357 millones (u$s8.642 millones) en el primer semestre. Al contrario de Pfizer, que trabaja con diferentes líneas de negocio, la empresa germana solo comercializa la vacuna contra el COVID-19, por lo que sus cifras son un espejo del resultado alcanzado por la misma. Para todo el 2021, estima que sus ingresos podrían superar los €15.900 millones (u$s 18.674 millones). Ver presentación.

Otras que picaron en punta con sus desarrollos fueron Moderna, AstraZeneca y Johnson & Johnson, mediante su brazo Janssen. La primera, que solo cuenta con la vacuna del tipo de ARNm en su cartera, obtuvo ingresos por u$s 5.900 millones en la primera mitad del año. La compañía, creada en 2010, prevé cerrar el año con una facturación de mas de u$s 20.000 millones. Ver presentación.

Moderna en tanto, espera entregar entre 800 y 1.000 millones de dosis de su vacuna contra el COVID-19 durante 2021. Para el año próximo, estima proveer entre 2.000 y 3.000 millones de unidades. La biotecnológica que dirige Stéphane Bancel es una de las estrellas del sector en Wall Street. En los últimos doce meses multiplicó el precio de sus acciones por 5,7 veces y alcanzó un valor de mercado de casi u$s 155.000 millones, lo que la deja en las puertas del selecto club de las Big Pharma. BioNTech tuvo un desempeño casi calcado en la Bolsa de Frankfurt con una suba de casi 600% y una capitalización que hoy supera los u$s 88.000 millones.

En su más reciente conference call con inversores, Moderna dijo que quiere emplear el potencial del ARNm para constuir un portafolio más amplio de vacunas. Por lo pronto, ya tiene nueve en curso con distinto tipos de avance. Entre ellas, se encuentran una tetravalante para la gripe estacional, el Zika, el virus respiratorio sincitial (VRS), el citomegalovirus, el HIV y el virus Nipah. Ver presentación.

La tecnología de ARNm podría también abrir las puertas de una nueva generación de vacunas oncológica. De hecho, a mediados de junio de este año, BioNTech anunció que una primera persona con melanoma avanzado había sido tratada en su ensayo de fase II de la vacuna BNT111. A su vez, Moderna dijo que está trabajando en la misma dirección. Ver Press Release. Esta tecnología disruptiva lleva a poner en tela de juicio el potencial efecto que las vacunas de ARNm podrían tener sobre los procesos  tradicionales de fabricación en el que se apoyan pesos pesados ​​de este negocio como la francesa Sanofi y la británica GSK, precisamente dos de las que quedaron rezagadas en la carrera del COVID. También la norteamericana MSD.

Las miradas no apuntan a enfermedades sin atender actualmente sino, por caso a la gripe, donde esta novel tecnología podría patear el tablero de un mercado multimillonario. Por esta razón, los boards de Sanofi y GSK están bajo presión, no solo para superar algunos traspiés vinculados con el COVID, sino para apaciguar a  los accionistas que ven una amenaza potencial en el tradicional negocio de vacunas. Pero nadie quiere perder la carrera del ARNm. De hecho, Sanofi dio un paso en firme al lanzar recientemente una oferta para comprar todas las acciones de la estadounidense Translate Bio, en un deal valuado en unos u$s 3.200 millones. Ver artículo.

Por su parte, GSK se asoció con la alemana CureVac para explorar potenciales desarrollos. En la misma dirección, a comienzos de año la alemana Merck acordó la adquisición de su compatriota AmpTec en una transacción cuyos detalles financieros no fueron informados. Con esta compra, busca reforzar su capacidad para desarrollar y elaborar ARNm para usar en vacunas, tratamientos y diagnósticos aplicables al COVID-19. Ver artículo.

En relación a la carrera por la vacuna anti COVID-19, otra que sufrió un revés fue la estadounidense MSD que se bajó de la lista debido a que sus dos candidatas mostraron una respuesta inmune inferior a lo esperado. Sin embargo, a comienzos de marzo la multi anunció un partnership con Johnson & Johnson, a través del cual acordó destinar una instalación para el fill and finish y una segunda para la producción de la vacuna de Janssen. Ver artículo.

Otras con expectativas que no llegaron a buen puerto por el momento son los proyectos de las estadounidenses Novavax e Inovio y la alemana CureVac.

u$s 1 : € 1,174 (cotización del 25/08/2021)

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